Por Mariam Carpio Carpio
Mamá y Co-Fundadora de ColibrIA
Tengo 43 años y soy mamá de una bebé de 11 meses. Cuando la veo jugar con tuquitos, pelotas y cucharitas de colores, no puedo evitar pensar en el futuro. Un futuro que ya está aquí, uno donde las pantallas no son solo para ver caricaturas, sino para aprender, crear, compartir… y también enfrentar riesgos.
Y entonces me pregunto:
¿Estaré lista para acompañarla cuando empiece a navegar en la era de la Inteligencia Artificial?
¿Tendré las herramientas para entender sus mundos digitales?
¿Por dónde se empieza a ser mamá en tiempos de Internet?
Responder a estas preguntas no es tan fácil. No hay manual. No hay botón de reinicio. Pero sí hay señales.
Según el reporte Children’s Wellbeing in a Digital World (2025), los niños y niñas están cada vez más dispuestos a contar lo que hacen en línea. El problema es que muchas veces no encuentran del otro lado una oreja abierta. No porque los adultos no queramos escuchar, sino porque no sabemos cómo. Porque nos sentimos fuera de lugar. Porque el miedo a lo desconocido nos hace dudar. Y porque no nos sentimos «cibernéticos».
Y sin embargo… aquí estamos. Amando con fuerza, aprendiendo con humildad. Así que, a la luz de lo que dicen las investigaciones y las experiencias compartidas entre padres y madres, hay tres puntos de partida que nos pueden ayudar a cruzar este puente entre generaciones digitales:
1. Un enfoque positivo: comenzar sin miedo ni juicio
Lo primero no es poner reglas, ni activar controles parentales. Es entender sin condenar. Observar cómo se relacionan con el mundo digital, qué les atrae, qué les hace reír, qué les conecta. Si entramos con miedo o prejuicio, cerramos puertas. Pero si entramos con curiosidad, abrimos conversaciones.
Porque sí: la tecnología es parte de su mundo. Y en ese mundo también hay oportunidades: para aprender, expresarse, hacer amistades, pertenecer. Negarlo sería dejarles solos. Acompañar es reconocer que hay creatividad y valor en lo que hacen en línea, aunque no lo entendamos del todo.
2. Estar al día (sin ser expertas en tecnología)
Conversando con amigas que ya tienen hijos en edad escolar, aprendí algo liberador: no hace falta ser “técnica” en tecnologías para estar presente. Basta con interesarse. Preguntarles qué juegos les gustan, qué canales siguen, con quiénes chatean.
Así como en la vida presencial sabemos con quién se juntan o a qué lugares van, lo mismo aplica en lo digital. Acompañar no es controlar, es estar cerca. Entender que su autonomía crece, pero sigue necesitando de nuestra mirada comprensiva
3. Modelar el cuidado de la información
¿Saben qué pueden compartir y qué no? ¿Entienden qué es público y qué es privado? Esa es una conversación clave. A veces normalizan cosas violentas o humillantes porque todos lo hacen, pero aún no tienen la madurez emocional para lidiar con el daño que eso puede causarles.
Acompañar también es ayudarles a construir una huella digital de la que se sientan orgullosos. Mostrarles que cada click deja marca. Y que cuidarse también ocurre en línea.
No, no es fácil ser mamá (o papá) en tiempos de Internet. No hay fórmulas mágicas ni recetas infalibles. Pero hay algo que sí tenemos: la certeza de que no estamos solos.
En ColibrIA, te acompañamos a construir ese puente con tus hijas e hijos. Un puente de confianza, sin juicios ni sermones. Un espacio donde la crianza digital no sea un campo de batalla, sino un camino compartido. Porque entender sus mundos es también una forma de decirles:
«Estoy aquí. Estoy aprendiendo. Y estoy con vos.»