Algoritmos, identidad y adolescencia

 

 

¿Cómo acompañar a nuestras hijas e hijos cuando el algoritmo se convierte en su espejo?

Por: Redacción ColibrIA y KidsNetGuard

Preguntarnos cuánto tiempo pasan nuestros hijos frente a una pantalla es el pan de cada día. Con ellas y ellos hemos aprendido a negociar horas y a contar minutos, tratando de hacer acuerdos y establecer límites.

Pero con este reto viene uno aún más desafiante: las niñeces y las adolescencias no solo usan tecnología, se están formando dentro de entornos diseñados por algoritmos.

Nada de lo que consumimos está librado al azar, si nuestro hijo o hija accede por primera vez a una red social, tenemos que tener muy claro que estará viendo un contenido sesgado por los algoritmos el segundo día de uso.

Como señala el psicólogo social estadounidense Jonathan Haidt (Generación Ansiosa, 2024), el gran cambio generacional no es únicamente la presencia del smartphone, sino la sustitución del juego libre y la socialización cara a cara por entornos digitales permanentes, medibles y comparativos.

Los algoritmos no solo muestran contenido, sino que refuerzan patrones. Son feeds personalizados que optimizan para aumentar el mayor tiempo posible de frente a la pantalla. Son sistemas invisibles que seleccionan, ordenan y priorizan contenidos según patrones de atención.

Por ejemplo, si una persona recibe validación por cierta imagen, postura o estilo, el sistema tenderá a mostrarle más de lo mismo. Y así, poco a poco, la identidad comienza a moldearse entre métricas invisibles, cuyo éxito va en función del tiempo de exposición a las imágenes de cuerpos y vidas idealizadas e inalcanzables.

Ante la percepción de la vida ajena como perfecta y la propia insuficiente, nace un malestar profundo e intolerable, trayendo efectos impensables en la autoestima y el desarrollo emocional.

Momentos críticos, acompañamiento constante

Recordemos que aunque no seamos técnicos en computación, no nos podemos quitar el sombrero de acompañamiento, especialmente en la adolescencia, un periodo en la que hacemos el laboratorio del “Yo”.

Es una etapa para la construcción de identidad, un tiempo para probar versiones, cambiar de opinión, exagerar, retractarse, equivocarse y volver a empezar. La adolescencia es la etapa donde se forma la autonomía, el criterio y el carácter.

A menudo olvidamos que en este momento de su vida, ellas y ellos están en un momento de autoestima frágil, basada en validación externa. Todo lo que reciben de fuera, la manera en que se les ve o lo que escuchan va moldeando por dentro de cada adolescente.

A diferencia de cuando nosotros crecimos donde esas versiones del “yo” quedaban en el aula, en el barrio, en el grupo de amigos, hoy, cada versión de prueba y error de nuestras hijas e hijos puede ser publicada, medida, comparada y archivada.

En un mundo donde todo se publica y todo se archiva: ¿Dónde queda el derecho a cambiar? ¿Dónde queda la posibilidad de ensayar sin quedar fijado en una versión?

No estamos frente a un problema de carácter individual. Estamos frente a una arquitectura emocional, basada en un diseño que amplifica la comparación social y reduce los espacios de exploración segura en el que cada foto es evaluada, cada opinión puede viralizarse, e incluso, cada silencio puede sentirse como exclusión.

Así, la pregunta deja de ser: “¿Quién quiero ser?”, y empieza a convertirse en: “¿Qué versión de mi obtiene más reacción?”

Expertos nos señalan que si la identidad comienza a depender exclusivamente de validación cuantificada, puede aumentar la ansiedad por comparación, la fragilidad ante la crítica, la dependencia de aprobación externa o la rigidez ideológica.

Y aunque todo esto sea de película de terror,  nuestra reacción no puede ser de pánico moral, y comenzar a prohibir (es un mundo hiperconectado esto ni es factible ni es saludable). Nuestra respuesta tiene que ir de la mano con el acompañamiento consciente.

¿Cómo acompañar? Consejos podés encontrar, pero para comenzar, desde ColibrIA y KidsNetGuard te recomendamos el siguiente ABC:

ABC para acompañar

  1. Dialogar: Muchas veces creemos que el desafío es poner límites de tiempo, y sí, los límites importan, pero más importante aún es la conversación. En lugar de preguntar solo “¿cuánto tiempo estuviste?”, podemos empezar a preguntar: ¿Cómo te hizo sentir lo que viste hoy? ¿Te sentís libre cuando publicás o sentís presión?¿Sentís que podés ser vos? Cuando explicamos que el feed no es neutral, que los algoritmos están diseñados para retener atención y no para cuidar emociones, estamos dando una herramienta poderosa: conciencia.
  2. Mediar: No todo es malo, las plataformas pueden ser espacios de creatividad, aprendizaje y comunidad. La clave no es demonizar y juzgar sino entender que desde el inicio la Internet no estuvo pensada ni diseñada para las personas menores de edad. Podemos comenzar por comprender cómo viaja la información y la forma en que funcionan los algoritmos, hasta las técnicas persuasivas de los anuncios y la cultura de los influencers para fomentar conversación, crear espacios de reflexión e incluso apoyar a ofrecer referentes reales y vinculantes con su entorno.
  3. Balancear: La identidad necesita experiencias donde no haya likes. Crear espacios offline (arte, deporte, conversación sin teléfonos) devuelve a la identidad un lugar donde no existen métricas. Por eso acompañar también implica crear pausas: Momentos sin dispositivos en experiencias significativas, comidas sin pantallas, salidas donde la cámara no sea protagonista… No se trata de aislar. Se trata de equilibrar entornos.

Sabemos que ejercer la crianza tecnológica no es una tarea fácil, requiere de un proceso constante, iterativo y continuo. Pero no estás solo. Espacios como ColibrIA y KidsNetGuard están para apoyarte. Nos podes escribir a bienestardigital@colibria.net .

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